*Alejandro Hermida Ochoa
Padre de María Amparo Hermida Forné
Desde mi escaso
entendimiento de padre de familia y sin ser especialista en el tema, he
tropezado con el surrealismo de una inclusión educativa que decidió no incluir
a las personas con discapacidad y con una educación inclusiva que desaparece a
la Educación Especial.
Todavía a la mitad del siglo XX la sociedad en general
no se preocupaba por lo que sucedía con aquellas personas que denominaron
“especiales”, ahora dicen que no lo son
y que al ser iguales a cualquier otro ser humano han de ser incluidos de igual a
igual. Ésta hermosa utopía, se topa con la realidad que cotidianamente vivimos
los familiares de personas con síndromes diversos; algunos de ellos como la Trisomía 21 o Síndrome de Down.
Respecto a la Educación Especial,
el caso de mi hija María Amparo Hermida Forné, ilustra cómo es necesaria.
Cuando la recibimos de
bebé, los genetistas y otros médicos, afirmaron que no podría caminar y
difícilmente hablar, los especialistas en síndromes, los doctores Claudia
Martínez y Gregorio Paz, comenzaron a brindarle terapias de apoyo y nos
orientaron a su mamá y a mí, sobre el método para brindarle diariamente terapia
física que le permitiera caminar, además de recibir sesiones de estimulación
temprana y otros servicios educativos especializados.
Hoy en día, no solamente
camina y corre, sino que, danza, baila, se expresa oralmente, maneja
correctamente computadoras y dispositivos electrónicos, y ha participado en
siete exposiciones de pintura.
Tengo que agradecer mucho
al comandante Fidel Castro y al gobierno cubano, quienes durante cuatro años
consecutivos incluyeron a Amparo en un protocolo de nado con delfines, lo cual,
contribuyó enormemente a su desarrollo.
Cuento esto, no como
presunción, sino, porque demuestra, qué tan importantes son las terapias y el apoyo de los padres hacia las personas con discapacidad.
La madre de Amparo ha
generado durante toda la vida de nuestra hija, los recursos necesarios para su
educación; nunca hemos recibido apoyo del gobierno. En su proceso educativo,
han intervenido varias maestras y especialistas egresadas principalmente de la Escuela
Normal de Especialización; así mismo,
contamos con el apoyo de la fundación John Langdon Down.
Durante tres años, tuve
el privilegio de impartir en esa fundación, el programa de "Yoga para bebés con
discapacidad intelectual"; detrás de cada alumno que tomaba clase conmigo,
existe una larga historia de esfuerzo de sus padres, maestros y maestras de Educación Especial.
Aunque el esfuerzo más
significativo proviene de los papás, es indudable la aportación que los
maestros de educación especial, hacen al desarrollo de cada individuo. De ahí,
mi enorme sorpresa al enterarme de que desapareció la Licenciatura en Educación Especial y se reemplazó por la Licenciatura en Inclusión.
Nadie puede estar de
acuerdo con la desaparición de algo tan trascendental, como la Educación Especial, así como tampoco, podemos estar en contra de la inclusión; desde mi
punto de vista, la inclusión educativa, no tendría que eliminar a la Educación Especial, sino fortalecerla. Su eliminación, me suena
a pretexto para reducir presupuestos y ahorrar.
Al eliminar la Educación Especial y trastocar la formación de maestros, las personas con discapacidad
son privados de su única alternativa pública de inclusión que existe, pues, ya
ni siquiera existirán los maestros especialistas en discapacidad intelectual,
motriz, etc.
El cambio de plan de
estudios en las Normales de Especialización implica una regresión en nuestro
sistema educativo. Lo sorprendente, es que
este retroceso se justifique.
Con la política de
integración educativa, Amparo, cursó Jardín de Niños y Preprimaria, en una
escuela regular; al llegar a la Primaria, fue para nosotros evidente que era
absurdo que continuara en la escuela regular, a pesar de recibir terapias de
apoyo; cuando ella fue consciente de su condición, y sus compañeros comenzaron a
segregarla, tomamos la decisión de inscribirla a una escuela de Educación Especial, fue en esa escuela donde logró desarrollar todo su potencial, hacer amigos y volverse lo más independiente posible.